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Seguridad psicológica: una condición para aprender, innovar y prevenir

hace 1 día
5 min de lectura

En los espacios de trabajo, las personas no solo gestionan sus tareas y responsabilidades. También regulan constantemente la manera en que quieren ser percibidas por los demás. Esta dinámica, relacionada con lo que se conoce como riesgo interpersonal, puede llevarnos a evitar determinadas conductas para proteger nuestra imagen frente a compañeros, líderes o equipos. Así, si no queremos parecer ignorantes, podemos decidir no hacer una pregunta; si tememos parecer incompetentes, podemos evitar reconocer un error; y si nos preocupa ser juzgados, podemos guardar silencio frente a una idea o una situación que consideramos importante.

Aunque estos comportamientos pueden generar una sensación inmediata de seguridad, también pueden tener consecuencias para las personas y las organizaciones. No preguntar, no admitir errores, no solicitar retroalimentación o evitar expresar un punto de vista diferente puede limitar el aprendizaje, afectar el desempeño y dificultar la identificación oportuna de problemas. En determinados contextos, incluso puede representar un riesgo para la organización, especialmente cuando el silencio impide reportar una condición insegura, advertir sobre una decisión o reconocer que un proyecto no está obteniendo los resultados esperados.

Es precisamente en este punto donde adquiere relevancia la seguridad psicológica, concepto desarrollado por la investigadora Amy C. Edmondson, quien en su estudio Psychological Safety and Learning Behavior in Work Teams, publicado en Administrative Science Quarterly en 1999, la define como la creencia compartida de que un equipo constituye un espacio seguro para asumir riesgos interpersonales. A partir de este enfoque, la seguridad psicológica implica construir espacios caracterizados por el respeto mutuo, la honestidad y la apertura, donde las personas puedan hacer preguntas, expresar desacuerdos, solicitar ayuda, reconocer errores o plantear nuevas ideas sin temor a consecuencias negativas por el simple hecho de hacerlo.

La seguridad psicológica, sin embargo, no significa que todas las personas deban estar de acuerdo permanentemente, ni que sea un rasgo de personalidad individual. Tampoco es sinónimo de confianza, aunque ambas pueden relacionarse, ni implica reducir los estándares de desempeño. Por el contrario, un entorno que combina alta seguridad psicológica con altos niveles de responsabilidad puede generar mejores condiciones para que los equipos afronten los desafíos, aprendan de sus experiencias y alcancen sus objetivos. Seguridad psicológica en la era de la inteligencia artificial

La llegada de la inteligencia artificial está transformando la manera en que las organizaciones trabajan, aprenden y toman decisiones. Esta transformación exige desarrollar nuevas capacidades y adaptarse continuamente a herramientas, procesos y formas de colaboración que todavía están evolucionando.

En este contexto, la seguridad psicológica adquiere una importancia particular. El artículo Seguridad Psicológica en la Era de la IA: El Verdadero Motor del Aprendizaje y la Innovación, publicado por Prevención Integral & ORP Conference el 18 de septiembre de 2026, plantea que la adopción de estas tecnologías requiere equipos capaces de preguntar, experimentar, cuestionar y reconocer aquello que todavía no comprenden.

 

La relación es especialmente relevante porque implementar inteligencia artificial implica enfrentarse a escenarios desconocidos. Un trabajador puede necesitar preguntar cómo funciona una herramienta, reconocer que no sabe utilizarla, cuestionar un resultado generado por IA o informar que un sistema produjo un resultado incorrecto. Si estas acciones son percibidas como señales de incompetencia o generan temor a represalias, las personas pueden optar por permanecer en silencio. En consecuencia, la organización pierde oportunidades para identificar errores, corregir procesos y aprender.

Desde esta perspectiva, la seguridad psicológica no consiste en eliminar el desafío, sino en generar las condiciones necesarias para enfrentarlo. Entre la comodidad, el aprendizaje y la ansiedad

El análisis presentado por Prevención Integral & ORP utiliza el concepto de tres zonas para explicar cómo las organizaciones pueden abordar los procesos de aprendizaje y transformación:

 La zona de confort corresponde a aquello que resulta conocido y predecible. Aunque permanecer allí puede reducir temporalmente la incertidumbre, una organización que no desarrolla nuevas capacidades puede tener dificultades para responder a entornos cambiantes.

La zona de aprendizaje representa un punto intermedio: existe un reto suficiente para estimular el crecimiento, pero también condiciones que permiten experimentar y aprender. En el contexto de la inteligencia artificial, esto puede significar probar una nueva herramienta, cuestionar una hipótesis o aprender de un resultado que no salió como se esperaba.

Por otro lado, cuando las exigencias superan ampliamente las capacidades disponibles o el entorno es percibido como punitivo, puede aparecer una zona de ansiedad. En estas circunstancias, el temor puede favorecer respuestas defensivas, limitar la comunicación y dificultar el aprendizaje. Para las organizaciones, el desafío consiste entonces en mantener a sus equipos frente a retos que promuevan el desarrollo, pero dentro de un entorno donde sea posible reconocer dificultades y pedir apoyo. El liderazgo como punto de partida

La construcción de seguridad psicológica depende en buena medida de los comportamientos cotidianos de quienes lideran. Un jefe que escucha preguntas, reconoce que no tiene todas las respuestas, admite sus propios errores y solicita opiniones está transmitiendo que aprender no es una señal de debilidad, sino una parte natural del trabajo.

Esta actitud resulta especialmente importante en escenarios de transformación tecnológica. En un contexto donde ninguna persona puede dominar por sí sola todas las implicaciones de la inteligencia artificial, la humildad intelectual puede convertirse en una herramienta de liderazgo. Decir “no lo sé” o “revisémoslo juntos” abre la posibilidad de que otros también expresen dudas, planteen alternativas y participen activamente en la búsqueda de soluciones.

La seguridad psicológica, por tanto, no se construye únicamente mediante políticas o declaraciones institucionales. Se manifiesta en acciones concretas: cómo se responde ante un error, qué ocurre cuando alguien expresa una opinión diferente, cómo se recibe una pregunta difícil y qué sucede cuando un trabajador reporta un problema. Una dimensión de la cultura preventiva

Para la Seguridad y Salud en el Trabajo, la seguridad psicológica también puede relacionarse con la construcción de una cultura preventiva. Una organización difícilmente podrá identificar oportunamente todos sus riesgos si las personas no cuentan con condiciones para comunicarlos.

Reportar un incidente, advertir sobre una condición insegura, manifestar una preocupación o reconocer una equivocación son comportamientos que pueden contribuir a prevenir consecuencias mayores. De la misma manera, la gestión de los riesgos psicosociales requiere prestar atención al entorno en el que las personas trabajan, a las relaciones entre compañeros y líderes y a las formas en que la organización gestiona el cambio.

En este sentido, la seguridad psicológica puede complementar los esfuerzos de prevención al favorecer espacios donde la comunicación no dependa exclusivamente de las jerarquías y donde la información relevante pueda circular de manera oportuna.

 

¿Cómo se construye?

La seguridad psicológica no se establece de un día para otro ni se consigue únicamente incorporando el concepto en una presentación corporativa. Requiere comportamientos consistentes y sostenidos en el tiempo.

Algunas acciones pueden contribuir a este propósito: generar espacios estructurados para compartir aprendizajes y errores; practicar una escucha activa y sin juicios; permitir que las personas expresen desacuerdos de manera respetuosa; presentar los procesos de transformación tecnológica como oportunidades de aprendizaje; y revisar si los sistemas de evaluación y reconocimiento valoran no solo los resultados, sino también la colaboración, el aprendizaje y la capacidad de mejorar.

También es importante evaluar periódicamente cómo perciben los equipos su entorno de trabajo. Medir la seguridad psicológica permite identificar diferencias entre áreas, reconocer posibles barreras para la comunicación y orientar acciones de mejora.

En definitiva, la seguridad psicológica no significa trabajar sin exigencias ni eliminar la responsabilidad. Significa crear un entorno en el que las personas puedan asumir los desafíos propios de su trabajo sin que el temor a ser juzgadas, equivocarse o expresar una opinión diferente se convierta en una barrera para aprender.

En una época marcada por la transformación tecnológica, la innovación y la necesidad de adaptación constante, las organizaciones no solo necesitan personas capaces de utilizar nuevas herramientas. Necesitan equipos que puedan preguntar, cuestionar, experimentar, reconocer errores y aprender colectivamente. Allí es donde la seguridad psicológica deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una condición para el aprendizaje, la innovación y la prevención.


 
 
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